Esta parejita está empezando a repartirse las tareas de la casa. Antes ella lo hacía todo, pero ahora él la ayuda. El otro día ella le dijo “Cocina conmigo”, y él aceptó. Ahora vemos qué era lo que en realidad pretendían este par de salidos. No era más que una excusa barata para follar en la cocina. En esta cocina empieza a calentarse el ambiente, y no precisamente por culpa de los fogones. Con estas temperaturas se pueden freir huevos. Y ración doble de huevos con una buena salchicha es lo que está recibiendo esta rubita de parte de este maromo, que le está dejando claro lo bien que ha aprendido a desenvolverse en la cocina.
En esta ocasión esta pareja creyendo que está sola, empiezan a calentarse poco a poco. Yo iba tan tranquilo por el hotel por la mañana y ellos creían que todo el mundo dormía o quizás eran unos exhibicionistas que disfrutaban follando mientras la gente les ve. El salió de la piscina y comenzó a meterle los dedos en la vagina lentamente hasta que ella empezó a gemir tan fuerte que pude oirlo a 50 metros. Así que se fueron animando, ella se quitó las bragas y el sacó su enorme verga y se la clavó allí mismo sobre la hamaca.
Vaya pedazo de polvazo que se pega esta rubia tetona. Ella fue al supermercado a comprar calabacines. El estaba atendiendo a una jovencita muy cariñosamente, tanto que ella pudo observar una enorme erección. Cuando le preguntó que deseaba, le pidió al frutero los más grandes. Tan grandes eran que ella le pidió que se los llevara a casa, pensando el el polvo que le echaría. Al llegar a casa el marido estaba muy salido masturbándose y ella no puedo evitar bajarse las bragas y montarse sobre él. Echaron un polvo brutal hasta que sonó la puerta y llegó el frutero cachondo perdido con los calabacines gigantes. Ella abrió, pero el notó un fuerte olor a sexo y decidió incorporarse a la fiesta. Así que insinuó que siguieran haciendo lo que estaban haciendo y el marido empezó a darle por el culo. Entonces el frutero se arrodilló, se bajó los pantalones y le puso la polla en la boca a la rubia tetona. Ella comenzó a chupársela como una loca hasta ambos se corrieron encima.
Vaya orgía que se están montando estas parejas liberales. Una pierna por aquí, una corrida por allá, un anal por atrás… Así pasan las horas mientras graban esta super follada, pasando los fluídos a diestro y siniestro. Con este mobiliario de camas redondas, se han puesto tan calientes que ni siquiera se han quitado los tacones para follar.
Si los anuncios de muebles fuesen así, acabaríamos todos follando en las tiendas de decoración, haciendo tríos, intercambiando parejas y dando por el culo a toda la que pase hambre.
Esta rubia se lo está pasando de miedo con ese par de maromos de músculos tan bien definidos. Disfruta como una loca mientras cabalga sobre ellos y grita salvajemente para demostrarlo. Ellos están cachondísimos mientras la escuchan gemir y no pueden evitar metérsela entera hasta el fondo por donde pillen como si desearan partirla por la mitad, arremetiendo contra ella con una fuerza descomunal.
Enormes pollas, coñitos hambrientos, tríos, orgías y mucho más. Disfruta como nunca y siente en tu piel el frenesí de estos impresionantes polvazos.
El hospital puede llegar a ser un lugar de los más caliente. Si las paredes de las salas de descanso de doctores hablasen, seguro que nos contarían lo que les gusta follar en ellas, polvos furtivos de esos de aquí te pillo aquí te mato. Sólo hay que ver lo cachonda que está esta doctora follando como locos con uno de sus compañeros.
Vaya si se lo monta bien esta putita… Insaciable, siempre quiere más y estos dos sementales se están ocupando con sus grandes pollas muy bien de ella. Vaya polvazo!!
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Una nueva entrega de la sección Relatos Marqueze de nuestro blog.
Hoy os presentamos el relato “Una tarde en el Parque del Oeste”:
“Solté unos borbotones de semen que regaron el césped, me centré en las caricias en el coño de mi novia, tenía ganas de terminar, se excita mucho cuando ve salir el semen de mi polla, se pone a cien. Su respiración se agitó muchísimo, se le arqueó la espalda y con unos gemidos contenidos alcanzó un orgasmo fantástico, del que necesitó un par de minutos para recuperarse.”
La historia que voy a contaros es completamente real surgió de la forma más espontánea posible sin preverlo ninguno de los dos. Hace un par de veranos, estábamos Sara y yo dando un paseo por el parque del Oeste y nos tumbamos en el césped para tomarnos una cerveza.
Estaba empezando a atardecer pero había bastante luz, era una típica tarde calurosa de Madrid que el frescor de la hierba ayudaba a mitigar. Estábamos tonteando dándonos unos besos y sin darnos cuenta nos empezamos a calentar poco a poco. De repente miro a nuestro alrededor y como a unos treinta metros detrás de unos arbustos había 3 tíos de 40-50 años mirándonos.
Yo había oído algunos comentarios de que en ese parque era muy habitual la presencia de voyeurs pero no imaginaba hasta que punto. Que nos estuvieran observando hizo que me calentase aún más, le dije a mi novia que nos estaban viendo para excitarla, pero que mirase disimuladamente a nuestros mirones para no espantarlos, la sonrisa de zorra excitada que puso fue estupenda.
Sara llevaba ese día una camiseta de tirantes finos y un pantalón de lino de los que se atan a la cintura. Aprovechando que no había nadie más cerca de nosotros, le quité el sujetador, para poder disfrutar mejor de sus pechos, y empecé a tocarle las tetas primero y luego bajándole la camiseta le comía los pezones, y de paso, los dejaba a la vista de nuestros observadores (uno de ellos, y no es ninguna exageración, tenía unos prismáticos, vamos que eran unos auténticos profesionales del fisgoneo).
- Esos tíos se están viendo bien las tetas. – Déjalos que disfruten, además cuando vamos a la playa todo el mundo me las ve y no pasa nada. – Con lo buena que estás seguro que se les está cayendo la baba…
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